FLAMENCO

FANDANGOS DE HUELVA

En torno a los fandangos de Huelva circulan algunos errores muy generalizados. Acaso el principal sea considerarlos fáciles de interpretar debido a su difusión por profesionales y aficionados que, no perteneciendo a su ámbito natural, han adaptado sus aires a una entonación rutinaria y a personales maneras cantaoras que desvirtúan sus valores esenciales.

Otro error, también muy importante, proviene del abuso que de este cante se ha hecho fuera de su comarca, tanto en espectáculos como en fiestas privadas, dando lugar a un prototipo de fandango ligero y facilón, en el que ya no existen las matices estilísticas que determinan la riqueza de variantes, y ese donaire flamenco tan propio de los fandangos de Huelva, fandangos que singularizan a la comarca.

Según el Diccionario Enciclopédico Ilustrado del flamenco y partiendo de la base de que la provincia de Huelva, en sus tres zonas características: la sierra, las tierras de El Andévalo y el litoral, es la más rica en entonaciones fandangueriles, los fandangos de Huelva forman un conjunto de distintos estilos, muchos de ellos bailables y algunos caracterizados por los giros singulares que los impregnaron sus más genuinos intérpretes en la primera mitad del siglo XX.

Son numerosas las variantes de estos fandangos, que se distinguen por su cadencia y ritmo incluso entre pueblos muy cercanos, dando lugar a las llamadas modalidades locales. Los más significativos y apreciables de estas modalidades son los de Encinasola, Almonáster la Real, Calañas, El Cerro de Andévalo, Valverde del Camino, Santa Bárbara de Casa, Cabezas Rubias, Alonso y Huelva.

Estas modalidades han sido básicas en la creación de los fandangos artísticos y personales, y los cantaores que mejor han conservado y difundido sus cualidades originarias han sido generalmente los nacidos en la provincia de Huelva o afincados en ella, entre los que sobresalen Pepe Rebollo, Marcos Jiménez, El Comía, Antonio Rengel, Paco Isidro, Antonio El Muela, Pepe La Nora, El Cañitas, Paco Toronjo, Manolillo El Acalmao, Fernando Camisa, Juan María Blanco, La Juana María de Felipe Julián y Antonio Abad.

LA PARRALA

Posiblemente la figura más importante que Huelva ha dado al cante flamenco haya sido Dolores La Parrala. Su verdadero nombre era Dolores Parrales Moreno, y nació en Moguer a mediados del siglo XIX. Ha quedado en la historia como una de las intérpretes más significativas de los cafés cantantes.

En 1880 cantó en París acompañada a la guitarra por su marido, Paco de Lucena. Tuvo gran fama en Granada, donde, en 1884, actuó una larga temporada en el café cantante de la plaza de la Marina, junto a La Macarrona y otros conocidos artistas.

Federico García Lorca le dedicó una de sus viñetas flamencas: “Lámparas de cristal y espejos verdes, sobre el tablao oscuro, la Parrala sostiene una conversación con la muerte, la llama, no vuelve, y la vuelve a llamar, las gentes aspiran los sollozos, y en los espejos verdes, largas colas de seda se mueven”.

Murió después de musitar su última seguiriya en brazos de su amigo y compañero Fernando el de Triana, quien afirmó que La Parrala era la cantaora “más general que se ha conocido hasta hoy”. Siguió los cantes de Silverio y fue la maestra de Antonio Silva, El Portugués.

La formación artística de Dolores La Parrala se forjó en Sevilla, y al estar dotada de una “!facilidad posmosa)”, llegó a dominar un largo repertorio de cantes por serranas, seguiriyas, livianas, polos y, especialmente, por soleares.

Dolores La Parrala
Dolores La Parrala

FANDANGO DE VALVERDE
DEL CAMINO

Valverde de mi Valverde,

Valverde de mi consuelo,

Quién estuviera en Valverde,

Aunque durmiera en el suelo

Debajo de un pino verde.

FANDANGO DEL CERRO
DE ANDÉVALO

Ni lo alquilo ni lo vendo

Tengo un caballo retinto:

Me lo regaló su dueño

Camino de San Benito

Por un fandango cerreño.

Tuvo la culpa el querer.

FANDANGO DE ENCINASOLA

Yo planté en una maceta

La semilla del encanto,

Con lágrimas la regué

Y la flor salió llorando

FANDANGO DE SANTA BÁRBARA

A la mujer que quería

La ambición la dominaba

Y cuando se vio perdía

De rodillas me lloraba

Y la perdoné “enseguía”.

Andrés Borrego Escudero
MAESTROS DEL FLAMENCO.