CULTURA

SE MERECEN UNA CALLE

Cuando una persona es solidaria y se entrega a realizar determinados trabajos, sin negarse ante una causa justa, sin esperar homenajes o recompensas, los convecinos se congratulan al reconocerle públicamente esa labor porque la figura merece la evocación de la ciudad aunque esas personas no sean naturales del pueblo.

Son raras las ocasiones donde podemos asistir en presencia del homenajeado al descubrimiento de una placa en la inauguración de una calle. Estas dedicaciones, por lo general, suelen realizarse a título póstumo. Sin embargo, el pasado año 2001, después de haber recibido diversas distinciones por parte del Ayuntamiento, Hermandades, Cofradías y diferentes colectivos de Estepona, fue descubierto un mosaico el 10 de noviembre en cumplimento de una resolución aprobada en días anteriores por una Comisión de aquel Gobierno Municipal, concediéndole a una calle de ese pueblo el nombre de nuestro paisano Fernando García Sánchez.

No soy yo la persona más indicada para glosar este hecho y si lo traigo a esta publicación local es a modo de referencia al entender que, en Álora, hay una serie de personas, por desgracia ya desparecidas, con méritos suficientes para que aparezcan sus nombres en las nuevas calles que se están creando últimamente en nuestro pueblo.

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Francisco Zamudio Márquez


Cuando lleguen las nuevas plazas y calles que ahora se están creando deberían ir proveyéndose estas vacantes con los nombres ilustres del catálogo de nuestras figuras, con las mayores garantías de permanencia, sin tener que cambiar los viejos nombres de las calles actuales porque, en la realidad, es raro que los nuevos nombres permanezcan si se realizan sobre la denominación antigua desposeída.

Ejemplos tenemos aquí con las calles Cantarranas, de la Parra, Rosales, Algarrobo, Escribanos, etc.

En cualquier ciudad se rinde los nombres oficiales ante la evidencia del primitivo. Por citar algunas, Granada: ¿Quiénes conocen que la populosa calle de las Tablas es la de Martínez de la Rosa, la de San Matías la del Marqués de Portago, Pontezuelas se llama de Narváez, la de San Antón de J. Ugarte, Santa Ana de Rafael Blancht, la Plaza del Carmen es la de Cánovas del Castillo o la de los Lobos oficialmente se llama de Rull y Godínez?

En Álora existe una notable cantidad y variedad de nombres ilustres con merecida fama en expectación de calles para ir proveyendo cuando fuesen llegando las vacantes e incorporarlo a la toponimia aloreña.

Hombres que con sus hazañas dieron a conocer nuestro pueblo, no sólo en la historia, pues en la literatura aparece Álora en el Romance fronterizo anónimo de la bien cercada y en el Laberinto de la Fortuna de Juan de Mena debido a la sangre derramada en la acción bélica del Adelantado Diego de Rivera sobre la villa no poco cantada. Por esta gesta de Diego de Rivera se ocupan de él, y de Álora, desde Juan de Mena, pasando por Menéndez Pelayo, Hernán Nuñez, Wolf, Hoffmann, Ávila Arellano, Mercedes Díaz Roig, Giuseppe Di Stefano, Beresford, entre otros. Este romance forma un conjunto que en palabras de Tomás Sala, agrupa “el elemento espacial, Álora, el elemento temporal, mañana de domingo, y el personal, el Adelantado, protagonista de la escena”. Una calle para el Adelantado.

Tampoco se le ha hecho justicia con una calle a uno de los mayores historiadores y recopilador de datos de nuestra historia chica, Cronista e Hijo Predilecto de Álora, Antonio Bootello Morales, que al morir en 1930 estaba en posesión de la Medalla del Trabajo. Pepe Morales en su obra Álora como casi cuentos de recacha, nos lleva de la mano de don Antonio Bootello -quien mejor las ha estudiado- por un callejeo haciendo un barrido de algunas de las calles de nuestro pueblo, al que por cierto dice de él que todavía no le han dedicado ninguna.

0x01 graphic Otros paisanos destacaron en la medicina, como es el caso de Antonio Morales Pérez que sentó cátedra en Barcelona, Francisco Pérez Arjona y el más recientemente desaparecido, Francisco Zamudio Márquez, nacido el 24 de marzo de 1919 como reza la placa conmemorativa colocada en la casa de Santa Ana nº 9 e Hijo Predilecto de Álora. De él escribe Regino Bootello “…conocía a sus enfermos, los amaba y dio su vida, perdiendo la salud por ellos y hasta como el pelícano dio parte de su cuerpo, pues sus brazos le fueron amputados a consecuencia de tanto poner a sus pacientes -la mayoría de las veces gratuitamente- la pantalla de rayos X”.

Durante la Misa “corpore insepulto” celebrada el 13 de diciembre de 2001, Antonio Vergara leyó una semblanza de su vida y terminaba diciendo: “Verdaderamente no sé si es el momento más indicado o no, pero, por si lo fuera, yo pido, Sr. Alcalde, -y conmigo lo hacen muchos- una calle o una plaza, más que para él en exclusiva, para perpetuar la memoria de los Hermanos Zamudio”.

Porque José Zamudio Márquez, su hermano, ayudó a cuantos perotes realizaban el servicio militar allí donde él estuviese y les proporcionaba los medios de vida en aquellas actividades que el pueblo entonces carecía, procurándoles cualquier actividad social cuando aquí sólo se dependía de la agricultura, ya fuesen labradores o jornaleros como trabajador asalariado, en una sociedad rural muy polarizada que dependía de una burguesía agraria.

Felipe GARCÍA SÁNCHEZ.





Fernando García agradeciendo la dedicación de la calle