“A Belén se va y se viene por caminos de alegría, y Dios nace en cada hombre que se entrega a los demás a Belén se va y se viene por caminos de justicia y en Belén nacen los hombres cuando aprenden a esperar...”
Este villancico nos puede introducir en el auténtico espíritu de la Navidad que ya tenemos a la puerta. Porque la verdadera Navidad es contemplación de Misterio de Dios que se acerca, que viene, que ya está entre nosotros, que se mete en nuestra misma historia para enriquecerla y para salvarla. Es la luz que disipa la oscuridad.
Jesús no se presentó en la Historia como alguien poderoso, que desde las alturas de su mando ordena a todo el mundo lo que ha de hacer. Él bajó al barro de la vida, se hizo pequeño y conoció en carne propia lo que es el sufrimiento humano.
La Madre de Jesús, María, era una mujer del pueblo, buena y sencilla, de corazón grande y con una inmensa fe en Dios. Su padre adoptivo era carpintero. Jesús, como hijo de gente pobre, muy pronto, desde el nacimiento, conoce lo que son las privaciones de los pobres. No tiene ni dónde nacer. Su familia no encuentra a nadie que los reciba en su casa. Ni tampoco hay lugar para ellos en la posada. Compartió desde el nacimiento la “suerte” de los más pobres de este mundo, la marginación a que se ven sometidos, fruto amargo del egoísmo humano.
Nos cuesta trabajo entender bien lo que significa el que Jesús nazca tan pobremente. Él es uno de los nuestros; tomó nuestra miseria para comprendernos y que le comprendiéramos mejor. La dulzura de nuestras representaciones del Nacimiento contrastan con la dureza de la vida real de aquella familia que fueron emigrantes en tierra extraña (Egipto), transeúntes de un pueblo a otro, y viviendo siempre la suerte de los humildes.
Este Niño que nace es quien años más tarde ofrece su vida por nosotros en la cruz. El Niño-Dios y Jesús son una misma persona. Él es siempre bondad y amor, desde su nacimiento. Dios hecho Niño es la imagen más viva del amor cercano y compasivo de Dios, de su ternura y perdón. Y a la vista de la Navidad que fue, y ante la proximidad de la que viene (y en contraste con esa otra que nos proponen y casi nos “imponen” las firmas comerciales, que nos invitan a derrochar), cabría permitir a nuestro corazón, humano y solidario por naturaleza, que se plantease cuestiones como estas:
¿Qué gastos son los que nos pide Jesús que realicemos para celebrar su Nacimiento? ¿Cómo desearía él que celebrásemos la Navidad? ¿Qué podemos hacer para revivir algunas sanas costumbres navideñas de nuestro pueblo? ¿Cómo podemos ayudar a los niños a que sientan la alegría profunda de que Jesús nace, y que ésta es la GRAN NOTICIA, por encima de la avalancha de regalos y compras con que solemos inundar a los pequeños...?
Con esta reflexión, que no tiene otro objeto que atisbar el auténtico motivo de la alegría navideña, LOS SACERDOTES DE LA PARROQUIA OS QUEREMOS DESEAR TODO LO MEJOR EN NAVIDAD Y TODOS LOS DÍAS DEL AÑO 2003.
¡ ¡ ¡ FELIZ NAVIDAD ! ! !