LOS VERDIALES

Vamos a ocuparnos de los primeros estilos malagueñeros aunque la serrana y la liviana pueden haber nacido en tierras Malagueñas suelen ser clasificadas dentro de lo que tradicionalmente se entiende por cantes malagueñeros, surgen también en esta época paralizada por el Planeta y el Fillo y que puede ser considerada como auténtica Edad Media del arte flamenco, en constante desarrollo y evolución.

El más antiguo de todos los estilos son los verdiales. Son también, el más antiguo de los fandangos flamencos que hubo en Andalucía. Dice Luque Navajas, autoridad grande en la materia, que son dos las formas del fandango malagueño: los verdiales y las bamdolás; que los primeros son bastante más antiguos que los segundos, son incluso anteriores al cante flamenco, y ya dentro de éste han evolucionado tan poco que mantienen su acompañamiento tradicional a base de instrumentos como guitarras, violín, pandero, pequeños platillos o (chinchines), almirez, canutos de caña abierto a lo largo, cubiertos de metal que se hacen sonar entre los dedos e incluso botellas de superficie no lisa, casi nunca todos ellos juntos, sino formando diversas agrupaciones que genéricamente se llaman (pandas).

Conservan los verdiales, pues, su naturaleza primitiva, (de una rudeza y autenticidad impresionantes). Protagonista de los mismos son siempre las clases modestas campesinas de Málaga, que eligen para sus fiestas de verdiales fiestas señaladas, fundamentalmente dos: el día de San Juan (24 de junio) y el de los Santos Inocentes (28 de diciembre); eventualmente pueden celebrarse también en otras ocasiones, ya con carácter más local. Luque Navajas señala de casi coincidencia de aquellas dos fechas claves con los solsticios de verano e invierno, no descartando la posibilidad de una tradición ancestral de origen pagano.

Nos cuenta a continuación el mismo autor cómo el (alcalde), quien aporte una pequeña vara forrada de cintas multicolores y que es símbolo de su jerarquía dirige la panda. También cintas policromas , espejillos, flores artificiales y abolorios de todo género recubren los sombreros de los demás miembros del grupo, hasta cubrir totalmente la palma de que aquéllos están hechos. (Esta clase de adornos se reserva para la gran fecha de los verdiales la de los Santos inocentes. En ella tienen su explicación, pues estos sombreros encierran una intención grotesca, atendiendo al sentido peyorativo de la palabra inocente, y de ahí que al vestirse así se les llaman los tontos.)

Los verdiales reciben su nombre del lugar así llamado, un caserío en el término municipal de Frigiliana, partido judicial de Torrox. Pero se cantan fandangos verdiales no sólo allí y alrededores, sino en una amplia región que se extiende de Vélez-Málaga a Marbella, Lucena y Baena, irradiando hasta Utrera por el oeste, Córdoba por el norte, y Granada por este. Algunas localidades y regiones han acreditado formas propias que gozan hoy de ancha popularidad, como Canillas de Aceituno, Coín, Montes de Málaga y Álora, cuyos lagares dieron cuna a un tipo de fandango que apenas se diferencia del verdial, salvo en su ritmo más lento.

Baile antes que cante, y de origen morisco según todos los síntomas, su importancia es tal dentro del flamenco que Andrade de Silva lo sitúa como (el módulo primigenio y nutricio de todos los cantes que se agrupan dentro del común anunciado de estilos malagueños), y Butler expresa el mismo criterio.

Ya dijimos que los verdiales son un fandango bailable, y sólo cuando volvemos a Luque Navajas (se hacen más lentos, menos medidos, a la vez que sustituyen por una sola guitarra el acompañamiento múltiple, cuando en fin se hagan, por la extensión de la línea melódica, difíciles de bailar, dejan se ser verdiales entonces ya son, para nosotros bamdolas).

Algunas coplas de verdiales.

A comer brevas un día
fui con la chica de Antón,
a coger brevas un día
y si no es porque me dio
una, de dos que cogía,
sin catarlas quedo yo.

Saca las tortas de aceite
los roscos y mantecáos
y dale un duro a esta gente
que “mese” había olvidao.

Que tengo el mosto en las tinas
y las soleras viñás,
que tengo el mosto en las tinas,
ya nos podemos casá
y armar una tremolina
que no se vio más soná.

Andrés Borrego Escudero


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